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Benicarló guió la llegada de los Reyes Magos con cuerdas encendidas hasta los años 60

voltantlorest2013Los niños se desplazaban hasta los barrios del norte, por donde llegaban SSMM, para hacer girar sogas encendidas. Una web recupera esta práctica hoy desaparecida de la víspera de Reyes

La tarde del día 5 de enero en Benicarló se vivía antaño intensamente. Eran los niños quienes iluminaban la fiesta en los años en blanco y negro cuando no habían leds ni mangueras luminosas. Para ello utilizaban “lo rest”. El Diccionari Català-Valencià-Balear define lo rest, como una cuerda gruesa, como la de los pozos, que elevaban los cántaros llenos de agua de las norias o que servían para asegurar los barcos. En castellano un equivalente sería la maroma. La utilidad de los rests a lo largo de la historia queda reflejada ya en las crónicas de Jaume I. Incluso bañadas con alquitrán eran utilizadas para hacer señales marítimas, tanto desde el barco como desde tierra firme y eran vistas desde mucha distancia. También eran un elemento indispensable de los molinos de viento.

Recorda Benicarlón’, un colectivo de esta localidad que realiza trabajos de divulgación y rescate de paisajes, tradiciones y arquitectura popular ha centrado su foco estos días en esta curiosa práctica. En su grupo recuerdan “cómo los niños esperábamos con ansiedad la llegada de los Reyes, ya que era la única ocasión que teníamos durante el año de recibir regalos y juguetes”. Así, con eñoranza recuerdan como en la víspera de la llegada, a las 5 de la tarde antes de su llegada, teníamos el costumbre de ir por las cenias a buscar un trozo de esa cuerda de esparto con que se unían los cadufos a las norias. Se encendía un extremo y se hacía girar para que no se apagara, formando círculos de fuego mientras cantábamos “los Reis m’han portat un peix, calça cagà i un sombrero vell… los reis vestits de budell, calça cagà i un sombrero vell…”.

Con este ritual, que se realizó hasta los años 60, los niños se desplazaban al norte de la población, entonces las calles de los Santos Mártires y Cabanes, por donde llegaban sus Majestades. Las cenias poco a poco entraron en desuso. “Tras cenar”, recuerdan “dejabamos el balcón abierto y un poco de paja y algarrobas para los camellos”. El mágico final ya es por todos conocido.

 

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