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“FER I DESFER, LA FEINA DEL MATALASER”

moyaferidesferEnric Moya
Arquitecto

Este es un refrán valenciano que alude al antiguo oficio de colchonero. Una actividad que se ejercía de forma ambulante. Los colchoneros iban de casa en casa para rehacer los colchones rellenos de lana que, por estar muy usados, habían perdido su elasticidad.

“Fer i desfer, feina del matalaser”, se suele invocar irónicamente cuando un trabajo hay que repetirlo varias veces dando la sensación que no se acaba nunca. Justo lo viene sucediendo con las obras urbanísticas que solemos soportar los benicarlandos.

Recordemos cuando hace tres años nos despertábamos cada mañana con aquellas interminables obras frente la playa del Morrongo. Unas obras que habían incluido unas farolas de alumbrado público que apenas alumbraban. Una deficiencia que posteriormente debió arreglarse, como el colchonero arreglaba el colchón de antaño: “haciendo y deshaciendo”.

La obra de sustitución de las redes de abastecimiento y alcantarillado de las calles Ulldecona y Zaragoza parece plagiada de una comedia de Berlanga. Estos trabajos, que se iniciaron en el mes de abril, debían estar concluidos antes del verano. Pues bien, resulta que a fecha de hoy siguen sin terminarse, porque a “alguien” del Ayuntamiento, en una obra cuyo presupuesto asciende a 220.000 euros, se le olvidó prever una partida para la reposición del asfaltado de la calzada una vez las zanjas estuvieran cerradas. Y por tanto, hay que volver a tramitar otro expediente e iniciar una nueva adjudicación, incrementando el presupuesto y retrasando la fecha de terminación. Con la deplorable imagen que ofrecen unas obras paralizadas además de las interminables molestias para los vecinos y comerciantes.

Pero la obra que está de plena actualidad y que, en palabras de la alcaldesa, seria una “actuación histórica para Benicarló” -12/04/18-, es la Plaza de la Estación.

Y ciertamente que será histórica. Primero por el incumplimiento de los plazos para su terminación –debía estar en pleno funcionamiento para la temporada estival-. Segundo porque a nadie ha dejado satisfecho el diseño de esta ágora. Ante el aluvión de críticas y con unas elecciones municipales en el horizonte, en un desesperado intento de atemperar la indignación ciudadana, el gobierno municipal ha anunciado que va a introducir unas modificaciones en el proyecto. ¡Todo un record en el “fer i desfer”!.

Ha dicho la Sra. alcaldesa Xaro Miralles en rueda de prensa, que se demolerá la reciente ampliación de la acera de la calle Felipe Klein y que se eliminará la fila de bolardos para crear más aparcamientos. Que se rectificará el espacio junto al depósito para situar un punto de carga y descarga. Que se situaran nuevos elementos de mobiliario urbano para decorar la explanada de hormigón…,etc.  Bien está si atendemos aquella máxima de que “rectificar es de sabios”, pero los ciudadanos nos preguntamos ¿por qué no se contemplaron en el proyecto inicial todas estas medidas, ahora convertidos en parches de última hora?, ¿Cuánto va a suponer para las arcas públicas esta falta de previsión?.

Hace 20 siglos el arquitecto, escritor e ingeniero romano, Marco Vitrubio, autor del tratado más antiguo de arquitectura que se conoce, sentenció que las obras públicas deben exhibir tres cualidades “Utilitas, Firmitas y Venustas” – es decir, deben ser útiles, solidas y hermosas- estas cualidades se llaman las Virtudes de Vitrubio y desde el siglo XVII se utilizan para describir la arquitectura y obra pública en general.

Si analizamos la urbanización del entorno de la Estación concluimos que ni una sola de las cualidades de Vitrubio se cumplen:

1- No presenta una funcionalidad útil para el uso a que se destina, un tránsito en condiciones de comodidad , seguridad y protección ante las inclemencia climáticas para los usuarios del tren y sus acompañantes.

2- Tampoco ha resultado sólida y resistente. Al contrario, el hormigón del pavimento se desintegra a tal velocidad que compromete gravemente su durabilidad a corto plazo. Hasta ahora nadie nos ha explicado si este fenómeno obedece a una deficiente calidad del hormigón –atribuible al fabricante-, o a una deficiente puesta en obra –atribuible al constructor-. Tampoco conocemos nada del Plan de Control que debía estar previsto en la adjudicación, ni de las preceptivas pruebas sobre el material realizadas por organismo especializado. Pruebas obligatorias en toda obra, y que de no haberse realizado en tiempo y en forma, serian los responsables municipales los que deberían rendir cuentas.

3- También es obvia la carencia del criterio de hermosura y de mejora estética en el acceso a la ciudad. Más bien sucede lo contrario. Obligando a los que llegan a pasear por un paisaje de degradación, entre tapias y cementerios.

Somos muchos los que pensamos que esta obra debe replantearse desde el principio, con decisión. Hay que introducir un amplio carril secundario, paralelo al existente para carga y descarga de pasajeros y equipajes. Y una zona delimitada para taxis, separada del aparcamiento general, frente a la fachada de la estación, así como una terraza para la cafetería, nivelada –no en rampa como ahora- y una amplia visera que cubra todo el conjunto. Espacio hay para todo ello.

Y sobretodo recuperar el doble sentido de circulación del más bonito paseo de la comarca, el Paseo Febrer Soriano. Concebirlo como el gran eje principal de comunicación, tanto de ida como de vuelta, entre la Estación y la ciudad, como siempre fue desde que se inauguró en el año 1890. Junto al tradicional “Jardín de la Estación”, situado en su extremo, puede conformar la mejor carta de presentación de Benicarló a los que nos visitan. Un recorrido paisajístico que no conviene anular, sino mejorar y mostrar en todo su esplendor.

Al fin y al cabo solo se trata de aplicar el sentido común…, el menos común de los sentidos.

Campanya pels drets lingüístics