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Enric Escuder, diputat provincial "A la gente no le preocupa si Camps y yo somos culpables o inocentes", asegura el presidente de la Diputación de Castellón. Ante los resultados electorales de este 7 de junio en la Comunidad Valenciana, en Castellón, y en centenares de pueblos; ante la berlusconización de la política y una contundente victoria del PP, el PSPV tendrá que concluir que la derrota (y en eso el PS-Madrid y Valencia tienen mucho que ver) no sólo se debe a la crisis económica, a los cambios en la escala de valores, etc. La estrategia electoral ha fallado. Las cuestiones judiciales han actuado como un revulsivo para el electorado conservador, en cambio al PSPV, caso de Elche, nos han castigado. Los sabios ya apuntaban en otras citas electorales prescindir de ese argumentario. Quizás el elector ha visto un doble discurso, por una parte el de “dejar hacer a los jueces” , la manida independencia judicial, y, por otro, utilizar la justicia como punta de lanza.
Otra causa, enunciada por muchos ciudadanos, es que no se ha hablado de Europa durante la campaña, “sólo ha habido una sarta de acusaciones( el avión del presidente, las imputaciones judiciales,…)”. Y es verdad, nos hemos referido a Europa en los mítines, pero hemos sido incapaces de vincular las necesidades, las esperanzas, las ambiciones de los ciudadanos con las decisiones que toma el Parlamento europeo. No de una manera evidente. Posiblemente porque nos acordamos de Europa cuando se acercan elecciones, y, mientras tanto, durante ese periodo de cuatro años, nos da igual que Europa comience en los Pirineos. Pero aún así hay que profundizar más en los motivos de la derrota. Esta y otras que la precedieron tienen su origen en una estrategia política que todavía no se ha desterrado de este partido: “Con el 30% de los votos y el control de aparato, podemos subsistir”. Que se traduce en una falta de ambición por ganar, que se percibe, y en que prima la preocupación por el control del aparato sobre la toma de posición política en los grandes temas que afectan a los ciudadanos, que también se nota. Y en un cierto sectarismo, a veces muy evidente, en función de la afinidad a la cuerda dominante, que provoca la expulsión, de hecho, de capital humano formado y valioso para la organización. El militante, el cargo orgánico, el cargo institucional, no puede debatirse entre servir a la organización y a los que honradamente cree intereses de los ciudadanos, máxime si predicamos que el partido está al servicio de la gente. Nuestra debilidad no está fuera del Partido, está dentro, no está en el liderazgo sino en la unidad alrededor de los grandes objetivos para la sociedad. Y una de las causas es la falta de posición política en muchos temas que afectan al municipalismo, en nuestra falta de convencimiento de que podemos aportar y aportamos propuestas, soluciones válidas a los problemas reales, y de que la organización actuará monolíticamente en el apoyo de tales soluciones. Ya es hora de que cambiemos el ritmo vital de nuestro PSPV. J. Enric Escuder . Benicarló
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