 "Han tenido que pasar cien años para que cayese una piedra, justo en el día en el que había gente debajo". Así ha definido el alcalde de Vilafranca, Óscar Tena, la situación que se produjo a las dos de la madrugada del viernes en la base del campanario de la localidad. A esa hora decenas de personas observaban, en la parte inferior del campanario, como se cargaban los toros del corro de Germán Vidal, que habían participado en las fiestas de Vilafranca. Cuando sonaron las dos en el reloj un trozo de piedra de la parte superior del edificio, que mide más de 28 metros, cayó sobre el público. Por suerte no impactó sobre nadie. A un vecino la piedra le pasó a unos pocos metros de su cuerpo. Ante el suceso las miradas se volvieron hacia la torre para comprobar desde dónde había caído la piedra, de unos treinta centímetros de longitud por veinte de anchura. La piedra correspondía a un fragmento roto de las piedra que rodean la cúpula del campanario.
 Tras la caída se personaron en lugar de los hechos el alcalde y los concejales, que procedieron a vallar el perímetro del campanario para evitar que nadie pasase por debajo del campanario.Así mismo se realizó una primera inspección ocular en la sala de la campanas y se desconectó el reloj para evitar que estas vibren cuando se dan las horas. El viernes por la mañana el Ayuntamiento de Vilafranca envió un fax a la Diputación de Castelló para que el Consorcio Provincial de Bomberos inspeccione la cúpula del campanario, para comprobar si existen nuevos riesgos de desprendimiento. Los bomberos ya subieron al campanario para sanearlo tras el impacto del rayo en 2003.
 En las fiestas de agosto de 2003 el impacto de un rayo provocó que cayese la veleta del campanario sobre el tejado de las viviendas tuteladas que se encuentran justo en la base del edificio. La base de la veleta, de piedra, abrió un boquete en el tejado, cayendo sobre una cama, dándose la casualidad que la persona que ocupaba la habitación se encontraba en el servicio. Lo mismo sucedió en la madrugada del viernes, ya que por suerte, nadie de los que miraba el toro recibió el impacto de la piedra.
El alcalde ha incidido en que el agrietamiento de una piedra es más probable en invierno "cuando se producen grandes variaciones de temperaturas y hiela, pero se ha producido esta casualidad que afortunadamente se ha convertido en anécdota". El consistorio ha insistido para que los vecinos no salten las vallas colocadas y eviten pasar por debajo de la torre.
|